Sólo faltan siete días para que inicie Vancouver 2010. En este momento, confieso que no tengo ni idea si podremos disfrutar de la fría justa olímpica en por TV en Venezuela. Espero que sí, pero es difícil que las Olimpiadas de Invierno sean atractivas en nuestro cálido país.
Salta de inmediato a la memoria la película "Cool Runnings" o "Jamaica bajo cero", nombre que se le dió en español, la cual trata sobre la participación Olímpica del equipo de trineo de Jamaica en Calgary 1988. Pero es menester recordar que no es extraño para la cita olímipica invernal ver también ondear el tricolor nacional. En Nagano 1998 ocurrió por vez primera, en manos de Iginia Boccalandro. Fue la primera venezolana en participar en unas olimpiadas de invierno, en la diciplina de luge, en la cual obtuvo la penúltima posición.
La pionera Iginia Boccalandro acompaño nuevamente a la delegación venezolana más numerosa de la historia de las olimpiadas de invierno en Salt Lake City 2002. Ella, junto a Werner y Christopher Hoeger y Julio César Camacho conformaron el cuarteto venezolano que participaría nuevamente en luge hace ocho años en Utah. La nota curiosa la pusieron Werner y Christopher Hoeger en aquella oportunidad, que fueron la primera dupla padre-hijo que participara en una justa olímpica invernal.
En Turín 2006, Werner Hoeger (merideño, hijo de un alemán y una austríaca), de 52 años, se convirtió en el segundo atleta de más edad en participar en olimpiadas de invierno. Sólo lo supera el norteamericano Scott Baird (54), que compitió una vez en la disciplina de Curling, mucho menos exigente que la veloz luge.
Hasta ahora es Christopher Hoeger, que con los 17 años de edad con que contaba para la época, quien ostenta el mejor registro venezolano en la historia de los juegos olímpicos de invierno. Ocupó el trigésimo primer lugar en Salt Lake City 2002 entre cincuenta competidores, con un tiempo de 3:04.313. Esto continuará así al menos hasta Sochi 2014, ya que lamentablemente en Vancouver 2010 no participará ningún venezolano.
Esperemos que Vancouver 2010 sólo sea una excepción en la historia venezolana del olimpismo de invierno y podamos disfrutar nuevamente de esta agradable curiosidad de nuestro deporte.
¿Porqué no traernos algún día una medalla?
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